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miércoles, 4 de abril de 2012

El Fistol del diablo de Manuel Payno, el Fausto mexicano

Por José Ramón Narváez H.



 
1.      Preámbulo
Hay varias razones para escribir sobre El Fistol del Diablo, la primera es que se trata de una novela por entregas o también conocido como folletín, es decir, un ejemplo de la novela popular mexicana del siglo XIX, un mecanismo que al igual que en otros países logró democratizar la literatura y que comenzó a crear y recrear una cultura (incluso jurídica) muy particular, justo como lo ha explorado Umberto Eco en su obra El superhombre de masas[1], pues es la novela popular la que fijará en la cultura algunos estereotipos que llegarán hasta nuestros días, como es el caso del justiciero y la justicia popular. En la novela popular de alguna manera pervive la justicia poética aristotélica en la que debe darse un equilibrio ético entre los personajes y la trama, sin abandonar la estética y obviamente la lógica, por lo que junto a la poética debemos tener la retórica. En el caso que nos ocupa, esta relación poética-retórica, no es sólo planteada sólo por el autor sino que debe contar con el consenso de sus lectores quienes de alguna manera van dándole forma a la obra, al tratarse de un escrito que va construyéndose a partir de cada entrega y la reacción/percepción que el público lector tiene, de hecho en el caso del Fistol el propio autor no sólo tuvo oportunidad de cambiar la trama durante la redacción de su obra sino que incluso pudo cambiar el estilo y la ubicación de ciertos valores sociales en ediciones posteriores, ajustando el discurso a la ideología mayoritaria de la época, pues siendo una novela fatalista, en algún sentido, acorde con la primera mitad del siglo XIX, pasó a ser una novela más optimista ajustada a la paz porfiriana en una tercera edición[2]. Escribir entonces sobre este tipo de novelas implica reconstruir un imaginario sobre el derecho y la justicia que se construía entre una élite intelectual y la percepción popular y que en algunos casos sigue presente en la cultura actual.
Otra razón poderosa para atender a esta obra es que se trata del que quizá sea el novelista costumbrista[3] por antonomasia del siglo XIX en México, Manuel Payno, un hombre a quien el arte de la política le era connatural, un gran observador y totalmente involucrado en la vida nacional, un personaje con una gran cultura aprendida no en las aulas sino por ser autodidacta además de ser un gran viajero; a quien la calle le ofreció grandes lecciones de vida y conocedor de la idiosincrasia del mexicano, en este sentido se une a otros pensadores, que no son tantos, que han reflexionado sobre “lo mexicano” como es el caso de José Vasconcelos, Samuel Ramos y Octavio Paz por mencionar a los más célebres.
Por otro lado es Manuel Payno quien tendrá que oponerse al gobierno de Ignacio Comonfort pero también tendrá que oponerse a la Constitución de 1857 porque como muchos en su tiempo la consideraban utópica e incluso violenta para la sociedad de ese momento, incluso fue el pretexto para iniciar una guerra civil; por lo que Payno en algún sentido es un hombre también detrás de la ingeniería constitucional en México.
El Fistol del Diablo ofrece a sus lectores un paisaje de personajes, entre los que se encuentran magistrados, jueces, abogados y notarios, siendo uno de ellos uno de los protagonistas de la trama, don Pedro. Son los abogados en la obra de Payno para quienes “…su fuerte era la práctica jurídica, que les permitía enterarse de muchos secretos políticos, religiosos y familiares, que muy hábilmente aprovechaban a veces para medrar. Una testamentaría, un albaceazgo, una tutoría, un poder, una administración de bienes, una transacción – para no hablar de negocios turbios como ocultación de bienes, legalización de contrabandos, intervención en cohechos, especulaciones políticas- los hacía ricos para toda la vida.”[4] Es entonces la obra de Payno, un referente necesario para hacer una historia de la cultura jurídica mexicana en el siglo XIX.
 
2.      El Fistol y el derecho del siglo XIX en México
La historia comienza cuando un joven de la clase alta mexicana quien ha vivido una buena parte de su vida en Inglaterra regresa a México con intención de involucrarse en la vida de su país; él se siente desafortunado en el amor por lo que (in)conscientemente realiza un pacto con el diablo quien se presenta como un viajero italiano interesado en ayudarlo a conseguir la aceptación de las mujeres.  El fistol, que es el pretexto de la novela, va cambiando de propietario generando diversas historias que a veces se entrecruzan.
Ciertamente podemos notar de inmediato la influencia de Goethe (y en especial de Fausto de 1808) en el Fistol del Diablo, aunque la idea de los pactos diabólicos es previa, quizá podemos situarla ya desde el siglo XVII en La trágica historia del doctor Fausto de 1601 de Cristóbal Marlowe, El Diablo cojuelo  de Luis Vélez de Guevara de 1641 y El paraíso perdido de Milton de 1667. Pudieron también influir en la elección del tema obras como Los elíxires del diablo de E.T.A. Hoffman de 1816, la novela también folletinesca de Federico Soulié Las memorias del diablo de 1837, o tal vez una menos conocida como Memorias de Satán de Guillermo Hauff de 1826.
En el caso del Fistol del diablo, el pacto es tácito, verbal, casi imperceptible, debe intuirse; Rugiero (de quien también intuimos su origen diabólico) le brinda ayuda a Arturo quien la acepta y sabemos más adelante que el pacto se “formaliza” a través de una prenda o garantía que es el fistol, un alfiler con la punta de diamante que lucirá Arturo en el primer intento para llevar a cabo el pacto. Sin embargo, Arturo parece no estar tan consciente del pacto en tanto que lo regala a una muchacha pobre (esta buena acción ¿podría exentarlo del pacto?) el fistol seguirá cambiando de propietario a lo largo de la novela.   


[1] Cfr. ECO, Umberto, El superhombre de masas, Lumen, Barcelona, 1995.
[2] Schmitt, Marlène, “El folletinista y sus públicos. Notas a cerca de la reedición de El fistol del diablo” en Literatura Mexicana del otro fin de siglo, El Colegio de México, México, 2001, p. 325.
[3] Sabemos que es complicado y polémico la definición de géneros literarios pero podríamos decir que Payno se inscribe en términos generales en un romanticismo de corte costumbrista-nacionalista, y en la línea de otros autores como José Joaquín Fernández de Lizardi, quien tal vez redactó la primera novela latinoamericana, El Periquillo Sarniento; Guillermo Prieto, José Tomás de Cuéllar, José López Portillo y Rojas, Rafael Delgado y Emilio Rabasa.[  Pero además en el Fistol hay una relación con la literatura fantástica que no tiene su otra gran obra Los bandidos de Río frío, Cfr. CHAVES, José Ricardo, “Payno criptofantástico. Intermitencias mágicas en El fistol del diablo” en Literatura mexicana, volumen 14, número 2, México, 2003, pp. 63-74.
[4] CASTRO LEAL, Antonio, “Estudio preliminar” en El Fistol del Diablo. Novela de costumbres mexicanas, Porrúa, México, 2007, pp. IX-XXV, p. XII; a propósito de esta publicación, se trata de la versión que utilizaremos para este trabajo.




1 comentario:

  1. Se quedo igual que la novela, a medias. No pasa nada al final.

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