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jueves, 5 de junio de 2014

Abogados jóvenes y el cine


 
 

Prólogo al Libro: Abogados jóvenes y el cine
Los abogados en el cine, ¿buenos o malos?
José Ramón Narváez H.
Ciertamente el título del libro que hoy muy honrosamente nos toca prologar esconde un doble sentido, se trata de hablar de la figura del joven abogado en las películas pero también son jóvenes abogados los que escriben, y desde la prolija introducción de su coordinador, el entusiasta colega Eddy Chávez Huanca, observamos ya que se presenta el trabajo como algo fresco y jovial, y a pesar de que el cine tiene ya una vida centenaria, es peculiar que dentro de los estudios jurídicos es algo todavía extravagante; aunque Estados Unidos y España llevan ya unos 30 años en el tema sin lograr aun que ocupe un lugar importante en curriculas y planes de estudio, en los demás países continua como un tema periférico y extracurricular, aunque Perú y México parecen estar un poco más adelantados no sólo con cursos sino también con publicaciones como la que nos ocupa. También está por echarse a andar la Red Iberoamericana de Cine y Derecho que podría vincular y potencializar todos estos esfuerzos.
Ahora viniendo un poco más al tema de este libro, el primer problema al que nos enfrentamos es el de definir la materia de estudio, es decir ¿qué es un abogado?, porque si recurrimos a la etimología como “aquel que habla en representación de alguien” tendríamos un sinfín de personajes que materialmente ejercen tal acto, ahora bien podríamos ceñirnos a las imágenes que el cine nos aporta respecto de profesionistas concretos, que cuentan con un título o al menos autorización para tal ejercicio, de ese modo El abogado del diablo no dejaría ningún espacio a la duda, podríamos también ocuparnos de los que aparecen en una sala de juicios o de los profesores que en las películas enseñan en las escuelas de derecho, sin embargo hay un sector menos claro pero a nuestro entender muy interesante como aquellos personajes que en las películas toman las causas de los desvalidos bajo su custodia, eso incluso nos remitiría a Antigona de Sófocles, al Quijote de Cervantes y al Mercader de Venecia de Shakespeare, incluso en sus propias adaptaciones cinematográficas, y en ese tenor de ideas incluso hasta renovaríamos la vocación del abogado porque la gran diferencia entre el joven y el viejo abogado es el ideal inicial por la justicia, el espíritu justiciero que se va perdiendo en la medida en que el “sistema” te copta.
Pues bien, el libro que ahora está delante, no sólo propone renovar nuestra vocación como abogados sino que hace una propuesta lúdica y entretenida como es el cine, basta leer el índice para darse cuenta de ello, se han elegido películas comerciales que al final de cuentas son las que van generando un imaginario colectivo respecto del abogado, no importa si es joven o viejo, porque la sociedad no sabe mucho de nuestra frustración como gremio, le atrae si acaso el tema de cómo es que el abogado joven erró el camino o en su caso se mantuvo incólume o de plano renunció a ser abogado porque no hay abogado honesto, esta imagen sobre el abogado sí debiera interesarnos porque es la que hoy por hoy genera performativamente una expectativa sobre cualquier abogado en la tierra respecto del asunto que sus clientes le plantean, según el cine, y creemos que no tan alejado de la realidad, quien se acerca a un abogado ha de hacerlo con cautela, pues no está en sus prioridades buscar justicia sino más bien “manipular” al sistema.
No es de extrañar que el cine, incluso el de animación vea en los abogados a unos seres despreciables, dispuestos a todo si es que se les llega al precio, ciertamente los courtroom drama a veces nos presentan algunos abogados que se desisten e incluso llegan actos de heroísmo, como en Justicia para todos (Norman Jewison, 1979), es más, resulta rentable mostrar a través del cine la transformación del abogado codicioso en un abogado altruista como en El defensor (Brad Furman, 2011), pero lo cierto es que en el imaginario popular el abogado parece pertencer a una clase de persona que no piensa en los demás sino en sí mismo.
En la película de dibujos animados Bee movie (Simon J. Smith y Steve Hickner, 2007) una abeja que simboliza las expectativas y anhelos humanos, rompe las reglas y comienza a comunicarse con ellos, se da cuenta de la explotación laboral que viven los de su clase y se propone llevar el asunto ante los tribunales siendo él mismo el abogado, el caso se gana pero eso atrae una consecuencia negativa para el ecosistema pues se termina parte de la polinización, las abejas tendrán que regresar al trabajo pero ahora habrán ganado reconocimiento y derechos. La abeja abogado monta su despacho para atender otros animales en la misma situación, en un determinado momento debe dejar a cargo del despacho a su socio “el mosquito” quien atenderá a una desvalida vaca que se queja de ser explotada por los humanos, el abogado abeja informa a la vaca que su colega la atenderá, la vaca se nota desconfiada:
-       ¿También eres abogado?
-       (el mosquito responde) Bueno, ya era un parasito chupasangre, sólo me faltaba el portafolios
Este tipo de gags son muy recurrentes en todas las culturas, ¿por qué será que el abogado pasó de ser un referente social a un personaje del que hay que cuidarse? Y esta pregunta lleva a otras igual de interesantes ¿corresponde este imaginario a la realidad?, ¿qué podría hacerse para cambiarlo?, ¿tendríamos que hacer algo para cambiarlo o no es parte de nuestras tareas? Y como lo habrá intuido más de uno, parece que sí habría que empezar a hacer algo para terminar con los chistes de abogados, no es que no debamos ironizar con nuestra profesión al contrario deberíamos ser más críticos y menos ilustrados, pero el que exista una imagen negativa de la profesión no es culpa del cine o de la cultura popular, es el reflejo quizá generalizado, estereotipado y si se quiere desproporcionado, de una realidad de la cual deberíamos estar conscientes y en su caso intentar cambiar, creemos que este libo puede llevar en alguna medida a tal propósito, así que les auguramos una feliz, entretenida y reflexiva lectura.
 


viernes, 21 de febrero de 2014

El señor de las moscas



 
William Golding escribió la novela El Señor de las moscas justo después de acabada la Segunda Guerra, cuando los sentimientos encontrados afloraban, por un lado la desolación y pesimismo por las atrocidades y violencia sufridas; por otro, la esperanza y optimismo en el futuro en el que se hablaba ya -por parte de los vencedores- de derechos humanos universales. Golding escribe una historia de niños pero para los adultos, a pesar de que en Inglaterra sea lectura obligatoria para los adolescentes y muchos pedagogos lo consideren como literatura infantil, en realidad es una novela distópica, más al estilo de Swift, Orwell o Huxley, en la cual el tema central es la naturaleza salvaje del hombre, el truco es usar la reducción al absurdo, incluso los seres humanos más nobles e ingenuos como los niños pueden llegar a detonar olas de violencia. El derecho juega un papel importante en la historia, desde el inicio, son niños de un colegio militar sometidos a estrictas reglas que trasladan a su vida diaria, su naturaleza espontánea y lúdica tiene que comenzar a hacer cuentas con cierto normativismo que intuyen en un inicio es necesario para vivir civilizadamente.
Para muchos críticos la novela representa la lucha entre la civilización y la barbarie a través de los dos protagonistas Ralph y Jack, pero creemos que es más que eso, la posible influencia de Verne queda rebasada puesto que los simbolismos jurídico- políticos son explícitos: ¿Una asamblea convocada a través de un caracol?, ¿tal vez una crítica al sistema parlamentario? Otras cuestiones de antropología relucen de inmediato: Hacer el fuego y controlarlo (tecnología) también como nexo con el mundo civilizado, el monstruo (la razón de Estado, el enemigo público), las armas -que al principio eran para cazar animales terminan cazando humanos-, el cerdo (alimento), las reminiscencias a la pubertad (los juegos, castigos y diálogos entre los niños del grupo de Jack), las moscas (la putrefacción de lo humano); y los personajes: Simon (la parte emotiva, los sueños y expectativas del grupo), los gemelos (la indecisión, decidia y complicidad del pueblo), Pigy (la razón), la guardia del lider (los ejecutores de la violencia legítima). En la adaptación cinematográfica estos elementos se notan más, la muerte del camaleón avisora la muerte de Simon; Pigy es el cerdito como lo son los cerdos que matan para subsistir.
Y seguramente habrá otros elementos que nos quedan en el tintero - o mejor aun en el teclado- pero al final de la novela y de la película subyace una duda ¿qué pasará con los responsables? o todavía con más dificultad ¿quiénes son responsables del desastre de aquel grupo de niños que sucumbieron ante la violencia?